PrincipiosPedagógicos



El papel de la acompañante

L@s niñ@s son l@s únic@s protagonistas de su propio proceso de aprendizaje. Es nuestra labor dejar que así sea y no llenar los ambientes y espacios con nuestra presencia, voz y energía. Es una tarea importante estar siempre ahí donde y cuando el/la niñ@ te necesite, pero pasar desapercibida. Siempre estamos a su lado, dándoles toda nuestra atención, acompañándole desde la humildad en nuestro servicio y tomando conciencia de sus necesidades. Creemos que l@s niñ@s necesitan:


  • Aceptación incondicional.

  • Acompañamiento emocional.

  • Libertad para experimentar diferentes situaciones. Posibilidad de explorar materiales y contextos diversos. Autonomía. Autorregulación.

  • Límites. Que ofrezcan un marco de seguridad y comprensión.

Dejando que l@s niñ@s se interesen por lo que están haciendo sin interrumpirles o dirigirles, conseguiremos momentos de atención en los que l@s niñ@s no necesitan al adulto y ni siquiera solicitan su presencia. La no intervención fomenta la creatividad y la autonomía, entendiendo la creatividad como un proceso interno, basado en expectativas de logros, que nos provee de energía y nos conecta con nuestras emociones para ponernos en movimiento. Si queremos ayudar a construir personas creativas, inventoras, hay que permitirles ejercitarse en la invención. Debemos dejarles formular sus propias hipótesis, aunque sepamos que son erróneas, dejar que sean ellos mismos quienes lo comprueben, porque de lo contrario los estamos sometiendo a criterios de autoridad y les impedimos pensar.

No debemos inmiscuirnos en sus juegos, si darles autonomía y dejarles realizarse. El papel del adulto en este proceso de desarrollo es por una parte garantizar un ambiente relajado con una oferta variada de actividades y rincones que cubran sus necesidades y por otra acompañarlos, atendiendo a los procesos individuales y grupales. Este rol varía según las circunstancias, un adulto que acompaña puede estar observando, participar como uno más, ser un modelo de referencia, hacer propuestas concretas… o poner límites. Pero para poder saber qué hacer en cada momento, el adulto tiene que estar muy presente para percibir las pequeñas señales que ellos nos van dando y tener una buena conexión con cada uno de ellos. Sólo así podrán ser partícipes de sus vidas, conocerse a ellos mismos y al mundo que les rodea, conquistar su autonomía y desarrollarse íntegra y plenamente.



Observar, no anticiparse, dejar que las cosas sucedan, acompañando todos los procesos, los logros, la alegría, la risa, el llanto, la amistad, el enfado, la frustración, el conflicto…y todos los demás procesos vitales son necesarios y debemos dejar que ocurran y que los vivan. Así, la aceptación de los límites es un momento difícil para l@s niñ@s. Cuando están dolid@s deben sentirse acompañad@s, pero en ningún caso intentar explicarles los buenos motivos que nos llevan a establecer ese límite, porque hacer eso es no respetar ese momento de dolor.

Debemos reconocer el valor del fracaso y la frustración y ver el conflicto y la equivocación como una oportunidad de crecimiento y desarrollo. Los errores son necesarios en la construcción intelectual ya que son intentos de explicación y sin ellos no se sabe lo que no hay que hacer. Para crear personas mentalmente activas, es muy importante aceptar las respuestas erróneas de l@s niñ@s.

Sabemos que el lenguaje construye un pensamiento y desarrolla la capacidad intelectual, por ello, el hablar constantemente, dialogar, debatir, discutir, etc…, son pilares fundamentales del aprendizaje y del desarrollo mental, desarrollo que capacita para la autonomía personal, social e intelectual, al tiempo que van construyendo una determinada forma de pensar que será la base de un determinado tipo de persona, la persona que esta sociedad necesita para ser mejor y más libre. La comunicación empática, asertiva, respetuosa y la escucha activa son nuestras mejores herramientas en la comunicación con l@s niñ@s.