Educar en libertad

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Much@s papás y mamás os acercáis a diferentes proyectos de educación “libre”, “respetuosa”, “activa”, “viva”, etc. movidos por el deseo de dar a vuetr@s hij@s una educación libre. Quizá, porque sentimos que nunca la tuvimos ni tenemos en nosotros mismos. La libertad es uno de los grandes anhelos del ser humano y nos encantaría podérsela dar a nuestr@s hij@s. Pero, ¿cómo vamos a darles libertad a l@s más pequeñ@s en un mundo lleno de normas, leyes y restricciones sobre lo que podemos y no podemos hacer? Y, ¿qué pasaría si todos fuéramos libres he hiciéramos en cada momento lo que nos apetece?, ¿el Mundo sería un caos? Y lo más importante, ¿Cómo vamos a darles libertad, si nosotr@s mism@s no nos sentimos libres? Como en todos los aspectos que definen este cambio de mirada hacia la infancia y la educación, el camino empieza por un viaje hacia adentro, un trabajo personal que nos permita reconstruirnos y en este caso, liberarnos, ya que no podemos dar lo que no llevamos dentro.

Para emprender este camino, voy a empezar por definir el concepto de libertad según lo entendemos en Casiopea. Ésta no es hacer lo que nos apetece en cada momento, la libertad es algo mucho más profundo, y que se puede tener o no, al margen de cómo funcione nuestra sociedad y todas sus leyes y restricciones en cada momento. La verdadera libertad está en el interior del individuo. Somos libres cuando tenemos un verdadero conocimiento de nosotros mismos, nuestras necesidades e inquietudes de desarrollo en los diferentes ámbitos de la vida y tenemos la capacidad, autoestima y herramientas suficientes para crear y caminar nuestro propio camino. La libertad consiste en desarrollar el potencial que cada uno lleva dentro y no en adaptarse a una sociedad cuyas metas son otras. Sin olvidar que ser libre implica la gran responsabilidad de decidir sobre nosotros mismos y nuestras acciones y asumir las consecuencias de dichas decisiones.

Y, ¿cómo podemos darle esto a l@s más pequeñ@s? Para que un@ niñ@ crezca en libertad, basta con dejarle “Ser”. Afortunadamente, l@s niñ@s no tienen que desaprender como l@s adult@s, no tienen que rehacerse a sí mismos. Ell@s llegan al mundo con todo el potencial para desplegar su libertad. Sólo necesitan un ambiente óptimo que les permita hacerlo. Y aquí radica la difícil tarea de l@s adult@s.

Nuestro trabajo consiste en acompañar a la infancia en un ambiente de verdadera aceptación, liberando a l@s niñ@s de juicios y expectativas, respetándoles como individuos inteligentes conocedores de sí mismos, permitiéndoles decidir y creando un entorno de afectividad y seguridad que les permita “Ser” y desplegar su libertad. Por no extenderme más, en posteriores publicaciones iremos hablando de todos estos estos ingredientes esenciales para poder educar en libertad.


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